Amorizándonos
Pensaba que el amor era una reliquia que había que guardar. Creía que tener una persona conmigo era eso, tenerla, reservarla para mí, ser suya y que él fuera mío. Así tuve mis primeros noviazgos. Yo crecí en un hogar con una familia en la norma de la época: los tardíos años del siglo XX, en los que el amor era de hombre a mujer, de uno a una y siempre bellos los dos, de la mano, en el cine, en el auto. El amor era una centella disparada por los dioses, que provocaba mariposas, espasmos, primeras veces. Mi primera vez fue con un chico súper especial para mí. Él era compañero de mi clase, estudioso como yo, aunque con otros intereses. A mí me encantaba el Derecho, tanto que hoy lo sigo estudiando, dedicaba horas y horas a la semana a lo que a él le costaba un par de días de lectura, que era entender el sentido de las leyes. Pero él tenía un gusto por las letras, el arte, la ciencia, hasta el deporte y el piano, una sensibilidad que me hacía sentir cómoda, que me permitía cobija...