Necesito ser escuchado

Necesito crear, necesito tener su permiso para crear un nuevo mundo.
Una mirada al otro. Un llamado a que me miren. Un momento en el que soy escuchado por todos, y que dura tanto tiempo como los demás puedan.
Mi mundo imaginario asoma a la realidad.
Lo quiero compartir.

La maravilla de vivir en un mundo con tanta gente, es que se puede ser escuchado por muchos. Por millones. Por miles de millones.
Podemos ver lo superficial: sólo hablamos con unos pocos. Y podemos ver en profundidad: esos pocos que reciban mi mundo, ahora forman parte de mi mundo.
Entonces, cuando me escuchan, cuando comienza el tiempo digo algo que valga ser escuchado. Cuando lo digo, y soy escuchado, el mundo del otro tiene algo de mi mundo. Y si lo escucho yo también, mi mundo tendrá algo de su mundo.
Luego, el mundo nuestro, con nuestros mundos individuales serán compartidos con otros, en una cadena sin fin (siempre puedo acortar distancias hablando a multitudes mediante los medios masivos de comunicación).
Lo importante es que el mundo está ahí. Y lo podemos cambiar. Podemos intervenir activamente en que se adapte a nuestras necesidades, considerando siempre las necesidades de los demás, que es la manera que hemos encontrado hasta ahora para evitar los conflictos.

La espera

“Vas a tener que esperar ahora” ¿Qué significa? ¿Qué sentido tiene? El sentido que hasta ahora no tenía: dejar que el universo cambie a su ritmo. Como toda inteligencia conocida, si presionamos al otro a terminar su obra antes por simple antojo de nuestra necesidad, seguramente no la pase muy bien haciéndolo, y encima nos entregue algo a medio terminar, por cumplir y que lo dejemos en paz.
Hoy, pues, dejo de presionar al universo y me pongo yo mismo a hacer lo que me toca, a crear mi interior y mi exterior a la espera de lo que espero. Para que cuando llegue, no me encuentre con las manos vacías, para que cuando llegue, sienta realmente que me lo merezco.

Hacer.

Hacer lo que tengo que hacer, lo que tengo para hacer y lo que puedo hacer. Darme el tiempo para reflexionar en cuanto a qué recursos tengo, observar a mi alrededor para detectar posibles soluciones, al menos parciales.


Si lo necesito, me detengo. Descanso. Renuevo mis energías. Y vuelvo a emprender. Porque tengo la certeza de que vine a la vida para esto, para vivirla y dejar para mi siguiente vida y para la vida de los demás, un mundo mejor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ciclo Divino

Poesía

Reconciliación